martes, 12 de mayo de 2015

Teherán: la feria del libro más grande del mundo


Hasta cinco millones de visitantes se dejan caer por el gran zoco anual del papel impreso. Y eso, a pesar de la censura y de la precariedad industrial

 
Los universitarios en Irán pegan en las paredes de su habitación estrofas de sus poemas preferidos. Los rostros de los poetas persas Hafez, Rumi o Saadi sustituyen a las estrellas del pop en la cabecera de la cama. Esto se explica por la extendida devoción por la poesía que existe en un país con 2.500 años de tradición literaria. Esta semana ha arrancado en la capital la 28 edición de la Feria Internacional del Libro de Teherán, la cita literaria más concurrida del mundo, con una media de cinco millones de visitantes todos los años, según cifras de la organización. Se trata de un evento al que acuden masivamente visitantes de todo el país, que buscan en la feria títulos imposibles de encontrar en las librerías ordinarias. Más de 60 países, un tercio de ellos árabes y varios latinoamericanos, participan en la cumbre literaria, en la que España no está presente.
 
Irán no despierta interés para los editores españoles, según explica a EL MUNDO el vicepresidente de la feria, Amir Masoud Shahramnia, tras despachar con el presidente de la Feria del Libro de París, Bertrand Morisset, quien ha acudido a Teherán en representación de la literatura gala. En la Feria del Libro de Madrid tampoco hay rastro de representantes persas. Una falta de interés mutuo entre los dos países que no impide el creciente interés entre los estudiantes iraníes por la lengua de Cervantes. En Irán, los más reputados escritores son también experimentados traductores. Este sábado se dejó ver por la feria Asadollah Amarei, conocido por sus traducciones del farsi al inglés y al español. Afshin Yadollahi y Darya Bandari son otros nombres muy conocidos por sus traducciones de obras extranjeras.
 
 
Cada año se editan en este país 60.000 nuevos títulos, una cifra desorbitada para las escasas copias que se producen, entre 2.000 y 3.000 de media. "La mala situación económica hace que la gente compre pocos libros. Además, tenemos un problema de distribución que dificulta que los libros actualizados lleguen a las librerías de fuera de la capital", afirma Shahramnia. Por este motivo, muchos estudiantes encuentran en la Feria del Libro las últimas ediciones de libros de divulgación científica que jamás hallarían en las librerías de su ciudad. Pero, aparte de manuales de bioquímica y psicología de la empresa, la Feria del Libro de Teherán reúne lo más granado de la literatura persa de autores de hoy y, sobre todo, de los que ya murieron. Las obras de Mahmud Dowlatabadi, famoso fuera de Irán por su obra 'El coronel', así como los trabajos más conocidos de Nader Ebrahimi, Sara Salar y Simin Daneshvar son de obligada presencia en la feria. Pero antes de que todos estos ejemplares lleguen a manos del lector, la censura habrá hecho su trabajo. Como ocurre con el cine, los libros que se publican en Irán han de haber sido aprobados por organismos de control que vetarán parte o la totalidad del volumen si no respeta las líneas rojas. Los libros que dañan la imagen del Islam o propagan ideas subversivas no ven la luz. Tampoco la literatura pornográfica tiene espacio en esta feria ni en ninguna librería del país. Y ello, pese a que recientemente una famosa librería de Teherán exhibía en el escaparate un ejemplar las 50 sombras de Grey. En inglés, eso sí. "Con las publicaciones en lengua extranjera la censura no es estricta. Solo con los libros que se publican en persa", aclara el responsable de la feria.
 
Por esta razón, Monire, estudiante de Finanzas, prefiere perderse entre las librerías de la calle Enghelob, en las que, confiesa, "en la trastienda normalmente puedo encontrar las ediciones completas de muchos libros extranjeros que en sus últimas ediciones están censurados". No obstante, en la actualidad la censura es menos estricta que años atrás. Según Shahramnia, "se nota una relajación a la hora de evaluar los libros que pueden publicarse". El actual gobierno, poco amigo de la censura, también trata desde hace meses de adherirse al Convenio de Berna para la protección de los derechos de autor. Al no haber suscrito el convenio, en Irán las traducciones están exentas de las obligaciones internacionales en materia de propiedad intelectual. Así, la industria del libro genera cada año en Irán 150 millones de dólares, una cantidad baja si se tiene en cuenta la elevada cifra de libros que se publican. En cuanto al negocio editorial, de las 7.000 empresas registradas, solo el 20% funciona con regularidad. "Es un mercado que necesita regulación para que también sea más rentable", zanja el vicepresidente de la feria. Ajena a los números, una joven universitaria comenta a la salida de la exhibición: "Leo poesía porque me hace sentir viva, me relaja y me calma". Mientras siga habiendo lectores, las cifras serán menos importantes.
 
http://www.elmundo.es/cultura/2015/05/10/554fb628e2704e705d8b4579.html
 

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